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Escribir

Hace mucho tiempo quería escribir una novela, una novela con toques fantásticos, quería crear todo un nuevo universo, tener a mis personajes y reflejarme en ellos, quería expresar mi odio por ciertas actitudes que he notado en mi vida, de algunas cuantas personas, también a ellas quería plasmarlas en ese nuevo mundo, también ahí incluso quería convivir con ellas, y, a través de mi personaje, o de sus amigos, o de “circunstancias fortuitas”, quería desquitarme, quería mostrar cómo el bien siempre gana, y montarme sobre suaves y fuertes unicornios blancos, quería vivir días y días enteros en un bosque mágico, acompañada de amigos y seres míticos, con un propósito que cumplir en esa travesía, con algún amigo que se hiciera mi novio, quería mostrar que yo tenía mi propio mundo, mis propios amigos que no hacían trucos (ni trampas), sino magia.

Cómo amaba (¡cuánto amaba!) esa parte en las que tenía a mis personajes en mi mente, hubo un tiempo en que pensé tanto en Brittany, mi bruja alienígena pelirroja que tiene un “don” sagrado,  o una maldición, visto desde otro punto de vista (que también es mío), quería plasmarlos y traerlos a la vida, y que entraran a ese mundo muchas más personas, seres especiales, pero los tuve taanto tiempo en mi mente, y bueno, crecí y como no lo escribí, los detalles se fueron haciendo cada vez más nublosos, ya no los pensaba tanto antes de ir a dormir, a veces, cuando me hice un poco mayor, llegué a pensar que era un cuento demasiado bobo.

Pero era un cuento, creado en la mente de una niña, un cuento en el que la magia era la realidad, sí, la cruda realidad, era un cuento inocente.

Y ahora que pasa el tiempo, me doy cuenta de que ser escritor no consiste en que se haya publicado un libro o, al menos, no necesariamente, ser escritor consiste en sentarte y escribir, a mí ahora me sale escribir de esto, de esta nostalgia, de este arrepentimiento, en el que no escribí, no conté toooodo lo que tenía en mi cabeza, sólo se lo conté, un poquito, a mi hermana y a mi ex.

Si algo he de rescatar de eso es que, al menos, me sumergí en ese mundo, creado por mí misma, en el que la puerta que me transfería de la realidad a ese universo tenía el rótulo de “Imaginación”.

Esa puerta, esa imaginación (más aparte, claro está, todos los demás libros de Fantasía que leía, a saber Harry Potter) me permitió sobrevivir.

Y para mí sobrevivir, en este contexto, significa ser una niña alegre, tener una infancia muy bonita que recordar y hacer la transición a la adolescencia tierna y a la vez aventureramente.

Ahora, al hecho de enfrentar que tenemos un tiempo finito, y que esos personajes ya se olvidaron de mí, (yo de ellos no, no al 100%) que ellos ya siguen en su mundo sin mí, me siento liberada, ahora quiero que cuando inicie mi adultez (como de 35 para arriba, y espero vivir mucho, mucho tiempo, siempre dando la cara a las diversas situaciones que me ofrezca la vida) pueda mirar hacia está época y decir que inicié siendo una adulta joven Valiente.

Como siempre me dice (o me decía, porque ya entendí, ¡ahora por fin entiendo!) mi            papá:
“Mas vale la más pálida de las tintas… que la más brillante de las memorias”

Gracias Fother, ahora, ahora lo entiendo.

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