LEYENDAS DE TLAXCALA

LA CALLE DEL ATAUD

Tal y como lo adelantamos, damos inicio en esta página a la sección “Leyendas Tlaxcaltecas”. Para fortuna nuestra el Sr. Carlos Tinaco Tbelarrúa pudo rescatar (y publicar en “El Sol de Tlaxcala”) entre otros, un viejo libro o cuaderno de historias, en el que estaba recopilada la leyenda en cuestión. Esto hace más de seis décadas. Y por lo que escribe, se percibe que dicho cuadernillo pudiera haber tenido al menos un siglo de existencia; es decir: estamos hablando de principios del siglo XIX. Una vez citado el crédito correctamente, es prudente, en la distancia del tiempo, agradecer tal publicación, porque aunque lacónica en datos históricos, es enriquecedora en lo cultural, e interesante en la descripción de la zona aludida. Y sin mayor preámbulo, iniciamos la leyenda, tal cual: 

URGANDO entre los infolios de unos libros viejos, salvados del mostrador de una tienda, di con un fragmento de la Historia de “La Calle del Ataúd”, antigua y estrecha encrucijada de esta noble e histórica ciudad de Tlaxcala; callejón que hoy conocemos con el nombre de “Calle de La Santísima por encontrarse en él la Capilla así llamada, y comienza frente al jardín de San Nicolás y desemboca frente a los manantiales de Xocotlán, donde se desperdicia, por ahora, inútilmente el agua potable. Atando cabos y descifrando caracteres de una letra original y borrada por los años de la historia me entretuve. 

Hacia el año de 18…  gobernaba en esta ciudad el coronel don Manuel Vaamonte, Caballero de la Orden de Alcántara que gozaba de regular estimación y respeto entre su gobernador, siendo uno de sus mejores amigos y colaboradores don Fernando Espejel de Montellano, hombre de amplia inteligencia de carácter apacible y diestro en el giro de espada; dotes estas que entonces causaban envidia. Ya que anunciaba que un coronel o un licenciado muy conocido en la provincia y con influencias en México, sucedería en el mando del gobierno de Tlaxcala al Caballero Vaamonte; y esto, con razón, había causado descontento y alarma en la sociedad y principalmente en los círculos dependientes de la audiencia. 

Cástulo de León Santillán, apuesto oficial español venido de Castilla en busca de aventuras y riquezas era uno de los más exaltados elementos de discordia, dispensado porque de él se contaban leyendas fantásticas de valor, y por entonces el intrépido alférez había tenido ciertas dificultades con don Fernando Espejel que vivía en la Calle del Aguador, que desemboca en las cuevas de Xocotlán, residencia aquella modesta y tranquila, donde viviera don Fernando, su esposa y sus hijos. 

Una noche, a las altas horas, dos caballeros de espada discutían acaloradamente en un obscuro rincón de la plazuela cercana a la calle del Aguador y por momentos se creía que llegarían a batirse; pero don Fernando, hombre de carácter apacible aunque valiente, y diestro en las lides, evitó la contienda, separándose con distinto rumbo. 

Al siguiente día los vecinos madrugadores y los aguadores del barrio de don Fernando, vieron con sorpresa y hasta curiosidad un ataúd frente a la puerta de la casa de dicho caballero, dando pávulo a toda clase de versiones. Horas después el ayuda del Alférez don Cástulo de León entregó para don Fernando recado de aquél, retándolo a batirse, agregando al pie de la misiva en tono burlesco que su ataúd estaba cerca de su casa para evitarle a su familia esa molestia, de suyo dolorosa. 

Don Fernando, como decíamos, apacible pero valiente, leyó sin exaltarse la carta que le enviaba su apuesto rival; él sabía de los arrestos inexpertos de los jóvenes que andan en busca de aventuras truculentas, “citas de honor”; pero como tocaban a su valor y amor propios, aceptó el desafío para la noche de ese mismo día, en el solitario y triste lugar de la plazoleta. 

Hubo intervenciones privadas para evitar la tragedia, pero nada se consiguió; y por la noche, cuando el reloj de la Capilla Real tocaba las diez, dos hombres embozados en negras capas se encontraron y se saludaron cortésmente. Después se despojaron de sus capas, se pusieron en guardia y comenzó la lid. 

Al principio don Fernando empezó a perder terreno, pero después logró arrinconar a su adversario contra el muro. El choque de las espadas iluminadas débilmente por la luz de un triste farolillo y la respiración fuerte y difícil de los combatientes eran ruidos bastante extraños para ese lugar tranquilo. 

En la brega don Fernando dirigió a su joven adversario las siguientes palabras: “No es tan bravo el León como lo pintan (nótese que su enemigo se apellida León); por mi espada que el ataúd le corresponde, y dispensad si el jubón os viene un tanto grandes”. 

Ante la osadía de esas palabras la lucha fue más encarnizada y en un momento la espada de don Fernando se hundió en el pecho de su enemigo, quien lanzando una maldición se desplomó en el suelo y sin ningún auxilio espiritual cerró los ojos para siempre. 

Cuando amaneció bien, D. Fernando salió de su casa rumbo a la del gobernante para informarle lo ocurrido, en tanto que los curiosos vecinos del barrio se apiñaban alrededor del ataúd donde se hallaba al descubierto el cuerpo del joven alférez don Cástulo de León Santillán que fuera respetado en aquellos tiempos por su valor y destreza en el manejo de la espada. 

Cuentan que se abrió un proceso que nunca se falló y que desde entonces hace algunos años se llamó la Calle del Ataúd a la que hoy conocemos por la calle de La Santísima. 

Tiene algo de solapador y tétrico la encrucijada de que me ocupo; en las noches, cuando he pasado por esos lugares solitarios y sombríos, siento respeto y miedo, al recordar aquella tragedia del ataúd. 

*  *  *  *

Hasta aquí la leyenda que en su momento conjuntó y publicó don Carlos Tinaco a mediados de los 50’s del pasado siglo XX. Después de ese nombre, como leemos, la “Calla del Ataúd” se llamó La calle de la Santísima” en razón de haberse inaugurado este pequeño pero hermoso templo, en el año de 1877. Hoy día, 2020, la nomenclatura de la citada calle es Tlahuicole (en el centro, ciudad de Tlaxcala). 

Con esta, hemos dado inicio en ‘La Galleta Libros y Café’ a esta sección de “Leyendas Tlaxcaltecas” (que han sido conjuntadas, hoy día, en el libro “Aromas de Leyendas Tlaxcaltecas”) mismas que fueron publicadas en su momento en diversos medios impresos; y que estarán publicadas, en un solo tomo, para el 2021; disponible para quien se interese por adquirir el ejemplar impreso o en formato electrónico. Nos saludamos en la siguiente leyenda: “Doña Elvira Camargo y el Anacoreta”. 

*  *  * 

“Duelo a muerte”
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s