¿QUÉ LEEN LAS HADAS?

¿QUÉ LEEN LAS HADAS? -LA HERMOSA MUERTE

¿QUÉ LEEN LAS HADAS?

LA HERMOSA MUERTE

“Los ojos de Virginia se llenaron de lágrimas, y se cubrió el rostro con las manos.

   –¿Alude usted al jardín de la muerte? –dijo con voz apenas audible.

   –Sí; la muerte. ¡Qué hermosa debe ser la muerte! ¡Yacer sobre la oscura tierra, mientras las hierbas se mecen sobre nuestra cabeza, y escuchar únicamente el silencio! No tener ayer, ni mañana. Olvidar el tiempo y lo detestable de la vida; descansar en paz. Usted puede ayudarme. Usted puede abrir para mí el portal de la casa de la muerte, porque lleva el amor con usted y el amor es más fuerte que la muerte. Ahora –dijo–

Virginia tembló. Un frío estremecimiento la recorrió, y por un instante hubo silencio. Le parecía vivir un espantoso sueño.

El fantasma volvió a hablar con una voz cual sollozo del viento.

   –Ha leído usted alguna vez la vieja profecía del ventanal de la biblioteca?

Anuncios

   –Muchas veces –contestó la jovencita levantando la vista–. La sé de memoria. Está escrita con unas extrañas letras negras y es muy difícil de leer. Consta de sólo seis líneas: …”

Fuente: “El Fantasma de Canterville y otros relatos”, Oscar Wilde, EMU, edición de 2017, pág. 44

¿QUÉ LEEN LAS HADAS?

¿QUÉ LEEN LAS HADAS? -Gato encerrado

¿QUÉ LEEN LAS HADAS?

“Si de literatura felina hablamos, es imprescindible ocuparnos de los ambiguos Lola y Petruchka de Andamos huyendo Lola (1980), pero hablar de Elena Garro es hablar de sus gatos y de gatos en general. La poblana, una de las mejores escritoras que en México hemos tenido, murió rodeada de gatos, entre bolas de pelo y pulgas y sin recibir el reconocimiento que sin duda merecía. Escritora neurótica, delicada y hermosa en su juventud; voluble, talentosa, genial, innovadora y amante de los gatos. La sombra gigante y egocéntrica de Octavio Paz todavía oculta parte de la grandeza de la autora de La culpa es de los tlaxcaltecas, como la selva hace con las ruinas arqueológicas.

Sigamos caminando, deambulando por el pasillo desde donde hemos observado a los gatos en la literatura. Ahí está, mírenlo, Gato encerrado, de William Burroughs, texto ineludible y lúcido; Burroughs, como Elena Garro, son ilegibles sin los gatos, sin “sus” gatos”.

Fuente: “Gato. Tuya es la soledad, tuyo el secreto”, Efrén Minero, 1ra edición 2011, pág. 27

Anuncios