¿QUÉ LEEN LAS HADAS?

¿QUÉ LEEN LAS HADAS? -LA HERMOSA MUERTE

¿QUÉ LEEN LAS HADAS?

LA HERMOSA MUERTE

“Los ojos de Virginia se llenaron de lágrimas, y se cubrió el rostro con las manos.

   –¿Alude usted al jardín de la muerte? –dijo con voz apenas audible.

   –Sí; la muerte. ¡Qué hermosa debe ser la muerte! ¡Yacer sobre la oscura tierra, mientras las hierbas se mecen sobre nuestra cabeza, y escuchar únicamente el silencio! No tener ayer, ni mañana. Olvidar el tiempo y lo detestable de la vida; descansar en paz. Usted puede ayudarme. Usted puede abrir para mí el portal de la casa de la muerte, porque lleva el amor con usted y el amor es más fuerte que la muerte. Ahora –dijo–

Virginia tembló. Un frío estremecimiento la recorrió, y por un instante hubo silencio. Le parecía vivir un espantoso sueño.

El fantasma volvió a hablar con una voz cual sollozo del viento.

   –Ha leído usted alguna vez la vieja profecía del ventanal de la biblioteca?

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   –Muchas veces –contestó la jovencita levantando la vista–. La sé de memoria. Está escrita con unas extrañas letras negras y es muy difícil de leer. Consta de sólo seis líneas: …”

Fuente: “El Fantasma de Canterville y otros relatos”, Oscar Wilde, EMU, edición de 2017, pág. 44

LEYENDAS DE TLAXCALA

“LA CALLE DEL ATAÚD”, LEYENDA. (avance)

El viernes 30 de este mes de octubre, les compartiremos (desde esta página: La Galleta Libros y Café) esta interesante leyenda, que se verificó a principios del siglo XIX, en la plazuela, hoy conocida popularmente como ‘Parque de San Nicolás’, adjunta al templo del mismo nombre, en pleno centro de la ciudad de Tlaxcala. A partir de esta tragedia, dicha calle fue conocida como “La Calle del Ataúd”; antes de ello se llamaba “La Calle del Aguador”.

Dicho nombre, la “Calle del Ataúd”, lo encontramos en el libro titulado “Cuaderno de los Mapas y relación de que se compone esta ciudad de Tlaxcala” que es una edición facsimilar editada en el 2013 por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. La obra original data de los años 30’s del antepasado siglo XIX, lo que reafirma que, efectivamente, dicha calle era reconocida con ese tétrico nombre. Hoy día, 2020, el nombre oficial de la calle es “Tlahuicole”.

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Cástulo de León Santillán y Fernando Espejel de Montellano, fueron los actores de este suceso, cuyas funestas “vibras” perduran hasta hoy día: múltiples vecinos y paseantes de dicha zona, han “percibido” esas ‘sensaciones’ que causan temor, escalofrío y miedo, cuando en altas horas de la noche atraviesan dicha calle.

No se pierdan esta emocionante leyenda, con la que damos principio a la sección de “Leyendas tlaxcaltecas” en esta página, y que habremos de compartir periódicamente con todos ustedes. En tanto: les invitamos a que nos envíen comentarios, sugerencias y opiniones al respecto, para ir considerando toda aportación que gusten compartir con todos nosotros.

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Equivócate más

Ayer vi un video reflexivo. Ahora, con el tiempo que tenemos de más ya no sólo se ven videos para entretenerse sino para ir niveles un poquito más abajo, más profundos, con mayor contenido del corazón, para reflexionar y saber que hay personas que piensan y lo comparten, y aunque suene irónico, ir más y más abajito, en la mente nos humaniza más, hace que valga la pena nuestro ostentoso título de “Sapiens”.

En este caso no me había puesto a pensar en que equivocarnos más, soltarnos más, mejor dicho, es de lo mejor que podemos hacer, en lugar de ir por la vida todos apretaditos >.<, con temor a fallar.
No sé porque yo anduve así mucho tiempo, tal vez porque se premia siempre a la “perfección”, a la excelencia, por que esa es la meta y siempre todos YA quieren estar ahí y quienes te quieren, quieren que tú también estés ahí, YA

(CÓMPRELO YA!)

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Pero este sentido de urgencia, de ya estar ahí en la cima, “en la perfección”, en dar los pasos que se suponen correctos, precisos y necesarios a veces sólo nos encarrilan por un camino que aparenta ser bien establecido, como ir a la escuela, sacar buenas notas para tener un buen trabajo que te permita comprarte y pagarte muchas cosas, como si la meta estuviera en la etapa laboral, o como si al llegar a determinado punto la felicidad del cielo se desbordara en nosotros.
No es así.

En la cuesta a la felicidad por ese camino bien trazado para nosotros por alguien más se le sufre un buen, ya que vamos viendo como mucho de lo que creíamos bien establecido a nuestro alrededor no fueron más que simples ilusiones, y también mucha apariencia, mucha hipocresía.
Y así nuestro impulso por tener esa felicidad se debilita más

Y entonces nos sentimos frustrados y enojados sin saberlo con los demás, pero sí que lo estamos con nosotros mismos y nuestro estrés interno, que poco a poco contribuye a hacernos en aquellas personas que nos echaron a perder (¡qué asco!), todo para quedar bien con los demás, para aparentar cierta calma, que todo va bien en nuestra subida hacia la cima, la supuesta felicidad, ese piquito en el top de la montaña, que casi toca el cielo, y que nosotros, como humanos, no somos taan capaces de llegar hasta ahí.

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Pues bien, he dejado de creer en eso, en ese camino tan bien trazado y definido, antes me daba miedo salirme “por la tangente”, me daba cosa estar en situaciones que yo no pudiera controlar, pero no me daba cuenta que estaba siendo controlada por esos miedos.

Ese vídeo tan reflexivo que ví está en sintonía con mi actual modo de pensar, en que nadie tiene la verdad absoluta y todos andan en busca de la felicidad, pero muy pocos se la saben, que la felicidad no es llegar a un punto y fin, sino disfrutar el camino, crear nuevos, perderte un poco y respirar el aire fresco que esas nuevas situaciones te han traído, es tener control emocional para poder caminar, trotar, irte de bolita, VOLAR todos los caminos que la vida ofrece y de los cuales tu te quieras permitir.

Admito que sí se siente bien padre cuando te aceptan en el trabajo para el que te postulaste 😀 y te llenas de alegría y expectativas por muchos días, pero para mí, lo mejor de un trabajo son las personas con las que interactúas, recuerdo el mío y me encantaba, era como estar en el paraíso, me sentía tecnológicamente encantada, me encantaba mi oficina, mis deberes, mis colegas eran para mí como hackers, los admiro muchísimo, con su ejemplo le tomé mucho cariño a aprender más, a actualizarme, a ser como ellos, súper héroes.

✨Es en el día a día, en los pequeñitos detalles en donde la felicidad se encierra, ella está renuente a ir por el camino apretadito, ella es espontánea y literal, la felicidad está llena de vida, por eso digo que la felicidad está en el día a día.✨

Creo que para llevárnosla más relax en este mundo en donde tantos factores externos nos truenan los dedos cada vez más rápido hay que permitirnos equivocarnos, soltarnos un poco más, sin llegar a ser flojos y esperar a que los demás hagan todo pero sí tener una estrategia emocional para dejarnos llevar, para no actuar como olla exprés que acumula y acumula reproches y estrés y miedos que ni al caso sólo para aparentar que “estamos bien”.

Yo sé que el vídeo tiene un enfoque un tanto distinto, pero ahora sólo quiero escribir rápido, porque así, sin pensarlo tanto es como me place para este día.

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El Hobbit (primeras impresiones)

¡Qué onda Galletas!
Creo que para estas alturas ya es claro que aparte de hablar de este libro, también hablaré de mis sentimientos, de en qué me hizo pensar y qué recordé con esta lectura, mezclando así mi vida personal con mi experiencia lectora.

Bueno, este libro me llegó en un momento perfecto, de una forma repentina, no me lo esperaba, me lo trajo la Sra. Lou, ella se acordó de que yo quería leer ese libro y cuando la recibimos, platicamos un ratito y sólo hasta el final me dijo del libro, lo ví con tanta emoción, quería grita: “Wóooorales 😀 ” pero me contuve lo más que pude aunque sí se notó mi sonrisota, y sentí que había llegado la Navidad :), en pleno mes de Junio

Esta conformado por capítulos que no son largos pero tampoco tal cual cortos, son vitales, el autor sabe narrar con humor y lleno de sentimientos aquél mundo verde de magos, enanos, mapas con runas que se leen a través de “x” o “y” estado lunar mediante elfos, cada que lo leía me sentía que estaba en el bosque cerca de la colina del agujero Hobbit, él también estaba en casa hasta que le propusieron una aventura, y con esa propuesta del mago Gandalf, y del hada madrina, nosotros también salimos de casa en busca de lo que se creía perdido pero que es nuestro, con todo, nos aventuramos para llegar hasta la lejana montaña, sabíamos que en el camino habría muchos obstáculos, pero fuimos con determinación, en grupo.

Sabíamos que al llegar a la montaña del tesoro estaría un ladrón, llamado Smaug, en forma de Dragón maldito, que dormía con los ojos abiertos vigilando con ansias aquél tesoro labrado por los enanos con tanto esfuerzo, aquel tesoro que no era de ese miserable Dragón, que destruyó un pueblo antaño bien lindo, pero ahora, vamos a algunas similitudes de este relato con lo que, nosotros, como equipo, vivimos en ese viaje que hicimos en mayo, 2020.

Como sabrán, las clases en prácticamente todo el planeta tierra son en-línea, el home office se ha desarrollado sobre manera en un par de días y las plataformas como zoom, skype o incluso Youtube cobran más fuerza para la educación.

Antes de eso yo era una estudiante que iba físicamente a clases, para eso tenía que rentar un cuartito cerca de la escuela, que está en la ciudad lejana, no era algo que resonara en mí ya que ese era el estilo “tan cómodo” que llevaba, entre comillas porque lo comparo con el actual, llegaron las vacaciones y todo “normal” , regresé a casa, en la bella y pacífica provincia, después, cuando las vacaciones llegaron a su fin estaba preocupada porque la universidad había cancelado el siguiente trimestre presencial y las noticias de la reanudación del mismo eran hasta nuevo aviso.

Pasaron los días y yo estaba haciendo lo que más me apasiona, leer en mi agujero-hobbit, comer al estilo hecho en casa (muchas veces por mí), pan tostado con rica mantequilla y azuquitar (obvio no mucha, porque cuido mis niveles de ingesta de azúcar) total, que ese tiempo el Sr. Bolsón y yo éramos la misma persona, compartíamos aquél delicioso estilo de vida.

Hasta que un día llegó un hada madrina, muy real, y en sueños me dijo:

“Deberías de tener más cuidado con esta situación, no tomártelo a la ligera, date cuenta que esto va para largo”

A pesar que sí veía que se estaba nublando el cielo, lo veía hasta allá, lejos, en el horizonte, y creí que no llegaría hasta mi colina pero ¡Oh, sorpresa!

Las noticias de que el siguiente trimestre no sería presencial (éste que estamos viviendo) fueron sinónimo de que aquél cielo nublado en aquél lejano horizonte ya estaba sobre mí, en mi pedacito de cielo, y con esto me refiero a la angustia de pagar la renta de aquél cuarto que ya llevaba mucho tiempo que, por vacaciones, por periodo de incertidumbre y ahora por clases on line ya sólo me representaba un gasto, más que una inversión para mi educación, pero yo creí que, a pesar del abrumador trueno que escuché del cielo nublado sobre mí, creí que sólo llovería en tiempos de sequía por alguna aislada anomalía, y pagué un mes de renta, creyendo que para el siguiente mes ya estaría de vuelta ahí, aún viendo cómo caía el agua a cántaros y se formaban los granizos.

Llegamos a ese segundo mes, en ese lapsito de tiempo creí, “ingenuamente” que regresaría a ese lugar, a esa montaña en donde rentaba y que estaban ahí mis tesoros, creía que el dragón, que por tanto tiempo convivimos con él creyendo que era un guardia de seguridad para todos los enanos que teníamos ahí nuestros tesoritos, nuestra renta, cuidaría del lugar, ahí sí fui ingenua, subrayado, el entre comillas de más arriba es porque quiero hacer hincapié en ese apego que tenemos a lo que conocemos, a que cómo iba a tener un estilo de vida con clases online, a que de repente todo estaba dando vueltas, no tenía sentido, a esa confusión, por la que todos pasamos y que yo lo llamé “ingenuamente” para resumir, pero escribiendo ahora, la palabra ahí debería ser: inocentemente.

Como les dije más arriba, mi hada madrina es real, tanto, que para que yo logre conseguir un lindo vestido, zapatos, proyectos, metas, ella me da consejos, como en la vida real, no me los aparece así con una nubecita de estrellas y ya están instantáneamente, no, me da consejos y me enfoca, me motiva. Hay también quienes en estos tecnológicos tiempos les llaman personal coach.

Ella me aterrizó los pies, después de tanta confusión por el nuevo estilo de vida, me dijo que me enfocara, me dijo que tener mis tesoros con un dragón que irrumpe tu privacidad sin mi consentimiento y que habla mal de uno, que le intenta poner a cada rato trampas para nada vale la pena, y que encima se le estaba pagando una renta por un lugar que ya no volvería a ocupar era un total desperdicio de dinero.

Así que el mago Gandalf a Bolsón y la hada madrina, mi coah personal nos motivaron para ir aquellas tierras lejanas, a sabiendas del peligro que habría en el camino, y así inició nuestra aventura, así fue como trajimos de vuelta nuestros tesoros.

Solicité un servicio de mudanzas después de haber cotizado con cuatro empresas distintas, la que me brindó confianza y precio obvio fue la elegida, así nos aventuramos los tres mosqueteros al viaje, rumbo a Iztapalapa, zona de alto contagio de covid, que como lo sabíamos, llevamos todas las medidas de protección.

Antes de solicitar el servicio se le avisó al dragón que el contrato en su montaña no se renovaría hasta que se pintara un mejor cielo para todos, y, a través de la línea telefónica, lo escuché decepcionado de tener una inquilina precavida.

El día de la mudanza salimos temprano, íbamos con buen ánimo, claro, entre más avanzábamos en el camino, con más dificultades se iba encontrando Bilbo y los enanos, con aquellos stragos, lobos… y nosotros con un panorama triste para muchos comercios, cerrados.

Cuando llegamos, mi compañía me dio un espacio para reencontrarme/despedirme de ese lugar que era mi cuarto de estudiante en aquellos días, un minidepa, como le llamaba en mi mente.

A pesar de que esta vez tenía no tantas cosas, la mudanza tardó, envolver los tesoros = libros, la escaladora, las cobijas, los trastes de cocina, artículos de limpieza e higiene, valla, todo lo que suele haber en un cuarto de estudiante off line.

Cuando finalizamos se le avisó al Dragón para entregarle el cuarto, limpio y en orden y para que él nos devolviera el depósito. Se tardó meses, para Bilbo, en llegar a la montaña, para nosotros, sentimos que pasó ese tiempo en lo que llegaba el Dragón, que nos dejó esperando ahí mucho tiempo como si nuestra casa estuviera al lado de la suya, como si fuéramos sus vecinos.

Cuando por fin se dignó en llegar a sólo ver el cuarto, porque llegó con las manos vacías pero bien maquillado, el dragón hizo ademan de querer dormir, y se echó con todo su peso a la cama. Y nosotros así de: “Este, pues revisa el cuarto, te lo estamos entregando para ya irnos, no para verte dormir”, desde luego, eso sólo lo pensamos, después de esos momentos de esperar, del “silencio” incómodo, que más bien fue el espectáculo incómodo que hacía el dragón, se paró de la cama y dijo que estaba sucia, sin mirarla, sólo “lo sabía”.

Y no quiso salir de ahí, no quiso tener que dar la media vuelta, entrar a su mohosa cueva y entregar lo que nos pertenece, el depósito, quiso quedarse, bueno, robarse todo.

Ladró que nos depositaría el importe que sobrara después de que alguna empresa vía internet le fuera a lavar el colchón, que ella estimaba sería prácticamente la totalidad del mismo, el ladrón pensaba que su palabra tenía valor pero no nos pudo engañar ya que nunca se ha escuchado que un dragón ladre, ni que ningún dragón regrese lo que no le pertenece, ni que solicite servicios vía apps cuando ha realizado ninguno nunca antes ni mucho menos pagaría por ellos.

Hasta esta parte del libro El Hobbit las similitudes entre nuestra aventura y la del Sr. Bolsón coinciden.

Se trató de entrar en razón con aquella ladrona de dinero, pero exigía respeto, más del que ya se le estaba otorgando al momento de declararle que ella, en su calidad de dragona, se había echado a la cama para ensuciarla a propósito, que el cuarto se le estaba entregando limpio, funcional, en orden y en consecuencia ella debería entregar nuestro dinero.

No lo entregó pero nos dimos cuenta que no valía la pena estar ahí, en ese lugar tan lejano de casa, hablando de lo nuestro con alguien que no sabe ganarse lo propio, lo más importante, los libros, y todo lo demás, ya estaba en la camioneta, ya listo, ya nos teníamos que ir de ahí.

Qué bueno que salimos de esa “montaña mágica”.

Yo creo que el respeto es para todos, incluso a los dragones, como lo vivimos aquella vez, que se le habló con respeto, en aquellas tierras lejanas, si hay un acuerdo de por medio, si una parte está cumpliendo y la otra no, y es ésta parte incumplidora quien exige respeto, y no quiere cumplir muy a su beneficio, se rompe el hechizo, esa magia que une, esa parte la rompió ella misma, y así como puede ser llamada, con más misticismo, más al estilo de Tolkien, Dragón, también ahora, en estos días más directos, puede llamarse: Rata.

Puedo concluir que los más importante, regresar sanos y salvos a casa, fue lo mejor. Esta noche leeré el último capítulo de este libro: El Hobbit, me enteraré de cómo le fue a él, espero que también regrese a su aguero-hobbit, a degustar su rico y delicioso cafecito con galletitas de nuez caseras, y un buen libro de aventuras.

Con ganas de recordar, y dejar plasmada la idea de que ustedes luchen por lo que es suyo, a pesar de la gente sin escrúpulos, me despido, les envío un fuerte abrazo digital a cada una de mis Galletas xOXo, ¡excelente tarde!
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