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Comentando libros -Gloria y Esplendor

Con esa magistral belleza literaria propia de la autora, Taylor Caldwell describe inicialmente el encuentro amoroso de dos jóvenes que abren sus mentes, pensamientos y corazón el enigmático hechizo que la bella Aspasia significa para el imberbe y bello Talias. Sin imaginar en ese momento ninguno de los dos el sorprendente destino que la vida les reserva, especialmente a quien se habría de convertir con el paso de los siglos y las culturas, una de las mujeres más bellas e inteligentes de la historia Universal.

El siglo de Oro de Grecia habría de ser testigo del encuentro amoroso, definitivo y terso; tormentoso y sutil del ilustre Pericles, aquel hombre tenaz, recto y de pensamiento brillante, con la hechizante belleza de Aspasia. Distinguida pareja, relevante en el conocimiento, la belleza y las ideas filosóficas imperantes, evidentemente habrían de despertar diversos sentimientos de odio, envidias e intrigas, mismas que a pesar de lo implacable que pudo haber sido, supieron nuestros protagonistas afrontar con no pocas dificultades.

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Caldwell, sumergida en las profundidades de la belleza humana, del florecimiento griego, de las enormes aportaciones filosóficas de la Grecia antigua al mundo moderno, describe con esa fineza y emoción el devenir no solamente de una cultura, o de una familia, o de una mujer. Transmite en su narrativa la necedad de un amor empecinado a defender contra todo y contra todos esa llama, única y momentánea que surge en la plenitud de dos corazones limpios. 

Fueron demasiados sueños los que Aspasia dejó en Pericles. Fueron noches incontables las que Pericles disfrutó el aroma, el calor y la ternura que una mujer, su mujer, Aspasia, emanaba en cada minuto, en cada rayo de luna y en cada amanecer. Musa en todos los sentidos, Aspasia fue el factor decisivo para que el Siglo de Oro de Grecia alcanzara el cenit de su grandeza. Pericles sucumbió físicamente, allá por el año 445 antes de Cristo; Aspasia también. Sin embargo es Taylor Caldwell quien mantiene viva la hermosa flama de una cultura que sembró en todo el mundo, por muchos años, el genio filosófico de Grecia, en su especial obra “Gloria y Esplendor”

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El Hobbit (primeras impresiones)

¡Qué onda Galletas!
Creo que para estas alturas ya es claro que aparte de hablar de este libro, también hablaré de mis sentimientos, de en qué me hizo pensar y qué recordé con esta lectura, mezclando así mi vida personal con mi experiencia lectora.

Bueno, este libro me llegó en un momento perfecto, de una forma repentina, no me lo esperaba, me lo trajo la Sra. Lou, ella se acordó de que yo quería leer ese libro y cuando la recibimos, platicamos un ratito y sólo hasta el final me dijo del libro, lo ví con tanta emoción, quería grita: “Wóooorales 😀 ” pero me contuve lo más que pude aunque sí se notó mi sonrisota, y sentí que había llegado la Navidad :), en pleno mes de Junio

Esta conformado por capítulos que no son largos pero tampoco tal cual cortos, son vitales, el autor sabe narrar con humor y lleno de sentimientos aquél mundo verde de magos, enanos, mapas con runas que se leen a través de “x” o “y” estado lunar mediante elfos, cada que lo leía me sentía que estaba en el bosque cerca de la colina del agujero Hobbit, él también estaba en casa hasta que le propusieron una aventura, y con esa propuesta del mago Gandalf, y del hada madrina, nosotros también salimos de casa en busca de lo que se creía perdido pero que es nuestro, con todo, nos aventuramos para llegar hasta la lejana montaña, sabíamos que en el camino habría muchos obstáculos, pero fuimos con determinación, en grupo.

Sabíamos que al llegar a la montaña del tesoro estaría un ladrón, llamado Smaug, en forma de Dragón maldito, que dormía con los ojos abiertos vigilando con ansias aquél tesoro labrado por los enanos con tanto esfuerzo, aquel tesoro que no era de ese miserable Dragón, que destruyó un pueblo antaño bien lindo, pero ahora, vamos a algunas similitudes de este relato con lo que, nosotros, como equipo, vivimos en ese viaje que hicimos en mayo, 2020.

Como sabrán, las clases en prácticamente todo el planeta tierra son en-línea, el home office se ha desarrollado sobre manera en un par de días y las plataformas como zoom, skype o incluso Youtube cobran más fuerza para la educación.

Antes de eso yo era una estudiante que iba físicamente a clases, para eso tenía que rentar un cuartito cerca de la escuela, que está en la ciudad lejana, no era algo que resonara en mí ya que ese era el estilo “tan cómodo” que llevaba, entre comillas porque lo comparo con el actual, llegaron las vacaciones y todo “normal” , regresé a casa, en la bella y pacífica provincia, después, cuando las vacaciones llegaron a su fin estaba preocupada porque la universidad había cancelado el siguiente trimestre presencial y las noticias de la reanudación del mismo eran hasta nuevo aviso.

Pasaron los días y yo estaba haciendo lo que más me apasiona, leer en mi agujero-hobbit, comer al estilo hecho en casa (muchas veces por mí), pan tostado con rica mantequilla y azuquitar (obvio no mucha, porque cuido mis niveles de ingesta de azúcar) total, que ese tiempo el Sr. Bolsón y yo éramos la misma persona, compartíamos aquél delicioso estilo de vida.

Hasta que un día llegó un hada madrina, muy real, y en sueños me dijo:

“Deberías de tener más cuidado con esta situación, no tomártelo a la ligera, date cuenta que esto va para largo”

A pesar que sí veía que se estaba nublando el cielo, lo veía hasta allá, lejos, en el horizonte, y creí que no llegaría hasta mi colina pero ¡Oh, sorpresa!

Las noticias de que el siguiente trimestre no sería presencial (éste que estamos viviendo) fueron sinónimo de que aquél cielo nublado en aquél lejano horizonte ya estaba sobre mí, en mi pedacito de cielo, y con esto me refiero a la angustia de pagar la renta de aquél cuarto que ya llevaba mucho tiempo que, por vacaciones, por periodo de incertidumbre y ahora por clases on line ya sólo me representaba un gasto, más que una inversión para mi educación, pero yo creí que, a pesar del abrumador trueno que escuché del cielo nublado sobre mí, creí que sólo llovería en tiempos de sequía por alguna aislada anomalía, y pagué un mes de renta, creyendo que para el siguiente mes ya estaría de vuelta ahí, aún viendo cómo caía el agua a cántaros y se formaban los granizos.

Llegamos a ese segundo mes, en ese lapsito de tiempo creí, “ingenuamente” que regresaría a ese lugar, a esa montaña en donde rentaba y que estaban ahí mis tesoros, creía que el dragón, que por tanto tiempo convivimos con él creyendo que era un guardia de seguridad para todos los enanos que teníamos ahí nuestros tesoritos, nuestra renta, cuidaría del lugar, ahí sí fui ingenua, subrayado, el entre comillas de más arriba es porque quiero hacer hincapié en ese apego que tenemos a lo que conocemos, a que cómo iba a tener un estilo de vida con clases online, a que de repente todo estaba dando vueltas, no tenía sentido, a esa confusión, por la que todos pasamos y que yo lo llamé “ingenuamente” para resumir, pero escribiendo ahora, la palabra ahí debería ser: inocentemente.

Como les dije más arriba, mi hada madrina es real, tanto, que para que yo logre conseguir un lindo vestido, zapatos, proyectos, metas, ella me da consejos, como en la vida real, no me los aparece así con una nubecita de estrellas y ya están instantáneamente, no, me da consejos y me enfoca, me motiva. Hay también quienes en estos tecnológicos tiempos les llaman personal coach.

Ella me aterrizó los pies, después de tanta confusión por el nuevo estilo de vida, me dijo que me enfocara, me dijo que tener mis tesoros con un dragón que irrumpe tu privacidad sin mi consentimiento y que habla mal de uno, que le intenta poner a cada rato trampas para nada vale la pena, y que encima se le estaba pagando una renta por un lugar que ya no volvería a ocupar era un total desperdicio de dinero.

Así que el mago Gandalf a Bolsón y la hada madrina, mi coah personal nos motivaron para ir aquellas tierras lejanas, a sabiendas del peligro que habría en el camino, y así inició nuestra aventura, así fue como trajimos de vuelta nuestros tesoros.

Solicité un servicio de mudanzas después de haber cotizado con cuatro empresas distintas, la que me brindó confianza y precio obvio fue la elegida, así nos aventuramos los tres mosqueteros al viaje, rumbo a Iztapalapa, zona de alto contagio de covid, que como lo sabíamos, llevamos todas las medidas de protección.

Antes de solicitar el servicio se le avisó al dragón que el contrato en su montaña no se renovaría hasta que se pintara un mejor cielo para todos, y, a través de la línea telefónica, lo escuché decepcionado de tener una inquilina precavida.

El día de la mudanza salimos temprano, íbamos con buen ánimo, claro, entre más avanzábamos en el camino, con más dificultades se iba encontrando Bilbo y los enanos, con aquellos stragos, lobos… y nosotros con un panorama triste para muchos comercios, cerrados.

Cuando llegamos, mi compañía me dio un espacio para reencontrarme/despedirme de ese lugar que era mi cuarto de estudiante en aquellos días, un minidepa, como le llamaba en mi mente.

A pesar de que esta vez tenía no tantas cosas, la mudanza tardó, envolver los tesoros = libros, la escaladora, las cobijas, los trastes de cocina, artículos de limpieza e higiene, valla, todo lo que suele haber en un cuarto de estudiante off line.

Cuando finalizamos se le avisó al Dragón para entregarle el cuarto, limpio y en orden y para que él nos devolviera el depósito. Se tardó meses, para Bilbo, en llegar a la montaña, para nosotros, sentimos que pasó ese tiempo en lo que llegaba el Dragón, que nos dejó esperando ahí mucho tiempo como si nuestra casa estuviera al lado de la suya, como si fuéramos sus vecinos.

Cuando por fin se dignó en llegar a sólo ver el cuarto, porque llegó con las manos vacías pero bien maquillado, el dragón hizo ademan de querer dormir, y se echó con todo su peso a la cama. Y nosotros así de: “Este, pues revisa el cuarto, te lo estamos entregando para ya irnos, no para verte dormir”, desde luego, eso sólo lo pensamos, después de esos momentos de esperar, del “silencio” incómodo, que más bien fue el espectáculo incómodo que hacía el dragón, se paró de la cama y dijo que estaba sucia, sin mirarla, sólo “lo sabía”.

Y no quiso salir de ahí, no quiso tener que dar la media vuelta, entrar a su mohosa cueva y entregar lo que nos pertenece, el depósito, quiso quedarse, bueno, robarse todo.

Ladró que nos depositaría el importe que sobrara después de que alguna empresa vía internet le fuera a lavar el colchón, que ella estimaba sería prácticamente la totalidad del mismo, el ladrón pensaba que su palabra tenía valor pero no nos pudo engañar ya que nunca se ha escuchado que un dragón ladre, ni que ningún dragón regrese lo que no le pertenece, ni que solicite servicios vía apps cuando ha realizado ninguno nunca antes ni mucho menos pagaría por ellos.

Hasta esta parte del libro El Hobbit las similitudes entre nuestra aventura y la del Sr. Bolsón coinciden.

Se trató de entrar en razón con aquella ladrona de dinero, pero exigía respeto, más del que ya se le estaba otorgando al momento de declararle que ella, en su calidad de dragona, se había echado a la cama para ensuciarla a propósito, que el cuarto se le estaba entregando limpio, funcional, en orden y en consecuencia ella debería entregar nuestro dinero.

No lo entregó pero nos dimos cuenta que no valía la pena estar ahí, en ese lugar tan lejano de casa, hablando de lo nuestro con alguien que no sabe ganarse lo propio, lo más importante, los libros, y todo lo demás, ya estaba en la camioneta, ya listo, ya nos teníamos que ir de ahí.

Qué bueno que salimos de esa “montaña mágica”.

Yo creo que el respeto es para todos, incluso a los dragones, como lo vivimos aquella vez, que se le habló con respeto, en aquellas tierras lejanas, si hay un acuerdo de por medio, si una parte está cumpliendo y la otra no, y es ésta parte incumplidora quien exige respeto, y no quiere cumplir muy a su beneficio, se rompe el hechizo, esa magia que une, esa parte la rompió ella misma, y así como puede ser llamada, con más misticismo, más al estilo de Tolkien, Dragón, también ahora, en estos días más directos, puede llamarse: Rata.

Puedo concluir que los más importante, regresar sanos y salvos a casa, fue lo mejor. Esta noche leeré el último capítulo de este libro: El Hobbit, me enteraré de cómo le fue a él, espero que también regrese a su aguero-hobbit, a degustar su rico y delicioso cafecito con galletitas de nuez caseras, y un buen libro de aventuras.

Con ganas de recordar, y dejar plasmada la idea de que ustedes luchen por lo que es suyo, a pesar de la gente sin escrúpulos, me despido, les envío un fuerte abrazo digital a cada una de mis Galletas xOXo, ¡excelente tarde!
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